Cliganic Mosquito Repellent Bracelets (10 unidades): ¿de verdad protegen de los mosquitos?
Las pulseras Cliganic no son una solución mágica contra los mosquitos, son un parche rápido y barato para cuando se acabó el aerosol o el chico se niega en redondo a que lo "unten con algo". Funcionan en un patio tranquilo sin viento, casi no sirven de nada pescando o en un campamento con mochila. Compras el paquete de 10, repartes entre la familia y no esperas milagros.
Verano, la quinta, viernes a la tarde. Por fin te sentaste en la galería con un mate, y a los dos minutos sentís ese mismo zumbido cerca de la oreja. Los mosquitos este año están particularmente insoportables, y cualquiera que haya intentado untar a un chico con aerosol mientras se retuerce como una anguila conoce el precio de la cuestión. Ahí es cuando entran en escena las pulseras: chicas, supuestamente seguras, supuestamente sin químicos. Compré el paquete de Cliganic justo por esa desesperación: cansado de andar con aerosoles cuando solo quería salir al jardín diez minutos.
La primera impresión fue buena. Diez pulseras en la bolsa, cada una envuelta por separado, con olor a citronela, eucalipto y alguna otra mezcla herbal, bastante agradable, nada químico. Me la puse en la muñeca, el tamaño se ajusta, sirve tanto para un adulto como para un chico desde los tres años. Sin nada de DEET, y esa es, honestamente, la razón principal por la que se compran este tipo de pulseras: cuando el chico está enfermo, es alérgico o simplemente chico, a los padres les da miedo untarlo con repelentes que llevan DEET, y no sin razón.
Y ahora sobre cómo funciona en la práctica. En un patio cerrado sin viento, la pulsera mantiene a los mosquitos a distancia de medio metro a un metro, más o menos, lo suficiente para que no se posen justo en tu brazo o pierna cerca de la muñeca. Pero apenas sopla la más mínima brisa o te movés un par de pasos, el efecto simplemente desaparece. El mosquito pica en la pantorrilla, en el cuello, en cualquier lado menos donde está la pulsera. Es física del olor, no hay mucho que hacer: los aceites aromáticos no crean una nube alrededor de todo el cuerpo, actúan de forma local y por poco tiempo.
Comparado con un aerosol a base de DEET o picaridina, la diferencia se nota enseguida. El aerosol cubre la piel de forma pareja, así que los mosquitos directamente no pican hasta que se evapora (y eso son varias horas). La pulsera es más bien "a ver si tenés suerte". Sinceramente, pescando o en el bosque al atardecer directamente no le tengo fe: ahí hay demasiados mosquitos y la protección local se diluye en la masa. Pero en un balcón, en la plaza cerca de casa o simplemente en un reposera leyendo un libro, es una opción que funciona bastante bien, sobre todo para quien evita los químicos en la piel en general.
La duración de la pulsera es de unas doce a quince horas de aroma activo, según dice el empaque, y parece cierto: hacia el final del segundo día el aroma ya casi no se siente, y el efecto, en consecuencia, tampoco. Es decir que un paquete de diez pulseras Cliganic no alcanza para todo el verano, sino para varias salidas a la quinta o una semana de tardecitas en la terraza, si las usas todos los días. Para una familia con dos chicos, el paquete se acaba más rápido de lo que uno quisiera.
El precio en Amazon arranca cerca de los 0,90 dólares, así que el producto en sí es baratísimo, y aun sumando envío y aranceles hacia tu país, no estamos hablando de algo caro. Este es justamente el argumento a favor: si no funciona o el chico se saca la pulsera en cinco minutos, la pérdida es mínima. Comparado con el OFF! Clip-On, que cuesta bastante más y requiere pilas y cartuchos de repuesto, el Cliganic se ve como una solución económica y simple, aunque la función es bastante distinta: el Clip-On de verdad dispersa una nube alrededor de la persona con un ventilador, no solo perfuma la muñeca.
El material de la pulsera es un cordón de silicona trenzado, bastante resistente, no se rompe ni si el chico tira de él. El cierre es simple, sin imanes ni broches que se pierdan. Como contra: si la usas varios días seguidos con calor, la piel bajo la pulsera puede enrojecerse un poco, no es alergia, más bien humedad y roce. Sácala de noche, deja que la muñeca respire.
¿A quién le sirve esto de verdad? A padres de chicos pequeños que le tienen pánico a los repelentes químicos y están dispuestos a aceptar una protección parcial a cambio de tranquilidad. A gente que sale "un minutito" al balcón o al jardín y no quiere untarse las manos cada vez con aerosol. A quien va de picnic a una plaza urbana donde hay mosquitos moderados, no en nube. En cambio, a quienes van de campamento, pescan, van al bosque o al río un día entero, mejor llevar un repelente normal con DEET o picaridina, y dejar la pulsera como opción de respaldo en el bolsillo de la mochila.
El compromiso principal es honesto: pagas poco y obtienes seguridad sin químicos, a cambio de eficacia y estabilidad en la protección. El segundo problema es menos obvio: el aroma, aunque agradable, no le gusta a todos, y a algunos les da dolor de cabeza usar varias pulseras a la vez durante mucho tiempo (por ejemplo, una en cada brazo). Una pulsera por persona está perfecto, dos o tres ya es demasiado aroma.
Preguntas frecuentes
Sí, y bastante. El aerosol con DEET cubre toda la piel y actúa parejo durante horas, mientras que la pulsera actúa solo de forma local alrededor de la muñeca. Si vas al bosque un día entero, la pulsera no es la solución, es un complemento.
Sí, y esa es justamente la razón principal de su popularidad: sin DEET, solo aceites esenciales. Pero sácala de noche y fíjate si se enrojece la piel bajo el cordón después de varios días de uso.
En la práctica, más o menos un día de aroma activo, después el efecto se debilita. El paquete de 10 alcanza para una familia por una o dos semanas de uso regular, no para todo el verano.
Para un campamento, sin dudas el aerosol o la crema: la cobertura es pareja y dura más. La pulsera mejor dejarla para el patio, la terraza o una plaza urbana, donde hay menos mosquitos.


